Un hijo de Bayamo por el mundo

Diana Iglesias Aguilera

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Resumen

Cuando lo tengo frente a mi siento que es cierta la sentencia martiana de que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz. Es digamos un hombre menudo, pero no frágil. Ágil, de ademanes sutiles y amistosos. Me recibe en su casa, la casa donde naciera su madre que pasa los noventa años y recuerda que es hija del primer secretario del ayuntamiento que tuvo la Cuna de la Nacionalidad Cubana en la República.Tanta historia de Bayamo y sus predios va inscripta en la sangre de Jorge Berlanga Acosta, de quien lamento el pueblo bayamés no conozca más y mejor, porque es motivo de orgullo por sus logros científicos y para el desarrollo económico del país y la salud humana en todo el mundo.Sin embargo no vislumbro un atisbo de vanidad, aunque sí reconoce con naturalidad que fue él, el de la idea primaria de infiltrar en las úlceras crónicas de las extremidades de los enfermos diabéticos una proteína creada por ingeniería genética, similar a las que abundan de forma natural en el mundo animal y que tenemos los mamíferos en diversos fluidos del cuerpo.

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